Cuando pactar significa paz

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ANTONIA MORENO – A menudo, imbuidos en nuestras pequeñas preocupaciones cotidianas, enfrascados en polémicas locales, en debates caseros y en dramas pequeño burgueses ignoramos las grandes amenazas que nos conciernen. Hace unos días los yihadistas prendieron fuego a un piloto jordano. El muchacho, de veintipocos años, fue hecho prisionero para traficar con el estado jordano la liberación de terroristas. Aún vivo, lo rociaron con gasolina y pusieron a grabar su espantosa muerte.

Los terroristas yihadistas matan. Todos los terroristas matan. Pero su eficacia mortífera es algo más que acabar con la vida de sus enemigos: su poder es la dosis de miedo, terror o espanto con la que consiguen estremecer al mundo. Su terror es un terror publicitado, difundido en la red, en cada esquina del planeta. Morir no es noticia. Ser degollado, quemado vivo, desmembrado o licuado es el mensaje eficaz del terror yihadista. La incertidumbre de que subirte a un tren o estar en un mercado y acabar descuartizado puede pasarte a ti cualquier día.

Ya dije que solo los estados democráticos pueden acabar con el terrorismo, con su amenaza y con sus líderes. Estos días hemos asistido a la firma de un pacto de estado entre Rajoy y Pedro Sánchez que incluía medidas excepcionales de prevención y actuación contra la amenaza terrorista en España. A muchos les ha parecido bien. A muchos les ha parecido mal que ambos líderes pactaran en estos momentos en los que las estrategias electorales marcan la necesidad de distanciarse y tensionar con el adversario. Tal vez sea así.

Pero miren, una está ya harta de la brocha gorda para enjuiciar a los políticos sólo porque interesan los resultados electorales. La cultura del pacto y del acuerdo es la única con la que plantar cara al terror. Así fue como acabamos con ETA durante el gobierno de Zapatero. Y de morir por ser demócratas, sabemos mucho, por desgracia, el PP y el PSOE.

A quienes no les ha parecido bien que el PP y el PSOE firmarán conjuntamente un acuerdo contra el terror sólo quiero decirles una cosa: cuando se tienen compañeros víctimas del terrorismo en el cementerio o cuando masacran a los ciudadanos inocentes de tu país quizá toque pensar más en las próximas generaciones que en las próximas elecciones.  Los hombres y mujeres con conciencia de estado no son perfectos. Pero se diferencian de los arribistas, chiquilicuatres y mediocres en que son capaces de tomar decisiones para su país aunque les cueste un miserable puñado de votos y jamás nadie recuerde su sacrificio. Esto es la política. Eso pienso.