En mi burka mando yo

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ANTONIA MORENO.- En el año 2010, el gobierno del PSOE, aprobó la ley de plazos para que las mujeres españolas pudieran interrumpir voluntariamente su embarazo. La novedad de la ley socialista frente a la anterior del año 85, también socialista, era doble: por fin teníamos una ley como la de los países europeos que permitía decidir a las mujeres en las primeras semanas de gestación y por otra parte, se eliminaba la hipócrita excusa del examen moral y psicológico de la mujer.

La cuestión es sencilla de comprender. Se puede estar a favor o en contra del aborto, allá cada uno con el ejercicio de su moral, sus creencias o sus cuerpos. Pero lo que no se puede hacer es decirle a la mujer que se la dejará decidir si los médicos, los padres, los confesores, los psiquiatras o los políticos le dan permiso.

Pero a lo que voy. El partido popular recurrió ante el tribunal constitucional dicha ley de plazos, encabezó manifestaciones con asociaciones ultra católicas, hizo bandera electoral contra el aborto y lo incluyó en su programa electoral como propuesta estrella. Evidentemente, el ministro Gallardón, se puso manos a la obra.

Ahora, dos años después, el PP recula, retira el proyecto para eliminar la ley de plazos y el gobierno le dice a Gallardón que fue bonito mientras duró. La movilización electoral fue fructífera, las banderitas episcopales ondearon pidiendo el voto, el PP ganó las elecciones, pero ahora hay que dar marcha atrás porque el rechazo social es apabullante, incluido el de las mujeres diputadas de la derecha.

Hace unos días, la conferencia episcopal emitió un comunicado contundente que decía textualmente al gobierno que LOS COMPROMISOS ELECTORALES ESTÁN PARA CUMPLIRLOS. El enfado de las asociaciones católicas y de los movimientos pro vida es monumental. El martes escuché a un representante Oriolano de esta asociación afirmando alto y claro que jamás volvería a votar al PP si no prohibían el aborto.

Lo terrible del caso es que quienes quieren impedir que las mujeres elijan libremente su maternidad lo hacen desde posiciones de totalitarismo moral mediante las cuales pretenden que sus postulados religiosos ultra católicos sean impuestos a todas las mujeres. Vaya por delante que las mujeres de derechas abortan. Las mujeres católicas abortan. Las hijas de los católicos abortan. Y además lo han hecho siempre. Que la hipocresía es el deporte nacional del rancio abolengo es tan cierto como falso es suponer que sólo las mujeres con pocos recursos interrumpen su embarazo. La falacia y el fariseísmo es el hilo argumental de quienes se rasgan las vestiduras en público frente a un derecho reconocido internacionalmente en cualquier sociedad civilizada. Afirmar que defender la vida es ayudar a parir hijos no deseados a mujeres de baja clase social es disparar al sol. No es una cuestión de recursos económicos.

Afirmar que se defiende la vida y que hay que manifestarse por ello cuando no se levanta la voz ante las políticas de recortes sanitarios, ante el drama de las familias desahuciadas, ante la tragedia de miles de hogares sin un sólo empleo, ante el desamparo de los dependientes o ante los gravísimos casos de pederastia en el seno de la iglesia es, como digo, la prueba palpable de que, en el fondo, lo que se está dirimiendo es algo más lacerante para nosotras.

En el fondo, empeñarse con tanta crudeza en impedir a la mujer ejercer el derecho a decidir sobre su cuerpo es un torpedo ideológico ancestral y doctrinario.
Que la jerarquía católica haya impedido históricamente a las mujeres ser sacerdotes, las siga recluyendo en conventos, las utilice para limpiar las iglesias, cuidar curas o repartir estampitas debe hacernos comprender el profundo machismo de su doctrina. Pero esto no es lo grave.

Porque la moral de cada uno es privada y respetable. Lo que es intolerable es que su moral, cualquier moral religiosa, sea instrumentada políticamente para imponerla a todo un estado. Eso tiene nombre en los países islámicos. Pero aquí, en España, en pleno siglo XXI, con todos mis respetos, hace siglos que no nos queman en la hoguera, nos hemos quitado el burka y somos algo más que pobres descarriadas a las que hay que obligar a ir por el buen camino. Por tanto, hagan ustedes lo que crean con su moral, su cuerpo y su fe. Tienen todo mi respeto.

Pero, por favor, déjennos en paz a las mujeres, que ya nos apañaremos con nuestro cuerpo y con Dios mejor que con ustedes. Seguro.